La Navidad puede ser el mes más rentable… o el más agotador. Llenar el restaurante no siempre significa ganar más, y cerrar el año con la sensación de “hemos ido a tope” no es lo mismo que saber si realmente ha ido bien.
Entre el final del verano y la llegada de la Navidad hay unas semanas de bajón natural en la hostelería. Pero Halloween puede ser el impulso que rompa esa tendencia.